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♥ 20
Nos está pasando algo.
Nos estamos enfermando de soledad.
Después de la pandemia, algo cambió en cómo nos vinculamos.
El encierro, el miedo, la virtualidad y la sobreexposición a discursos polarizados nos dejaron con menos tacto humano y más distancia emocional.
Al mismo tiempo, vivimos un proceso de individualización fuerte:
cada uno encerrado en su identidad, con desconfianza, con dolor no dicho.
Nos cuesta acercarnos, nos cuesta confiar, nos cuesta hablar sin miedo a herir o a ser heridos.
Y eso está generando síntomas.
Ansiedad, tristeza, aislamiento, dificultad para vincularnos.
A eso se suma el efecto burbuja de las redes:
nos rodeamos solo de los que piensan como nosotros,
y demonizamos todo lo que nos incomoda.
Nos volvimos más reactivos, más extremos, más solos.
Todo se transforma en guerra: sexo, amor, política, ideas, vínculos.
No es locura.
Es una herida colectiva que no terminamos de mirar.
Y que nos está hablando.
Nos hace falta volver a encontrarnos.
No como antes, pero sí con más humanidad.
Menos juicio, más escucha.
Menos ego, más vínculo.
Menos grito, más puente.
Porque solos sobrevivimos,
pero juntos sanamos.
Nos estamos enfermando de soledad.
Después de la pandemia, algo cambió en cómo nos vinculamos.
El encierro, el miedo, la virtualidad y la sobreexposición a discursos polarizados nos dejaron con menos tacto humano y más distancia emocional.
Al mismo tiempo, vivimos un proceso de individualización fuerte:
cada uno encerrado en su identidad, con desconfianza, con dolor no dicho.
Nos cuesta acercarnos, nos cuesta confiar, nos cuesta hablar sin miedo a herir o a ser heridos.
Y eso está generando síntomas.
Ansiedad, tristeza, aislamiento, dificultad para vincularnos.
A eso se suma el efecto burbuja de las redes:
nos rodeamos solo de los que piensan como nosotros,
y demonizamos todo lo que nos incomoda.
Nos volvimos más reactivos, más extremos, más solos.
Todo se transforma en guerra: sexo, amor, política, ideas, vínculos.
No es locura.
Es una herida colectiva que no terminamos de mirar.
Y que nos está hablando.
Nos hace falta volver a encontrarnos.
No como antes, pero sí con más humanidad.
Menos juicio, más escucha.
Menos ego, más vínculo.
Menos grito, más puente.
Porque solos sobrevivimos,
pero juntos sanamos.